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Fringe y la religión

Fringe es una serie que juguetea con la ciencia al límite. Y cuando digo al límite me refiero a que la mezcla con muchos conceptos de ciencia-ficción (viajes en el tiempo, genética imposible, etc), pero no entra en dos terrenos farragosos como son la religión y el esoterismo. En esto último, se diferencia bastante de Expediente X, por ejemplo, que también pretendía un acercamiento a la ciencia pero muy escorado hacia la parapsicología.

Uno de los productores de la serie es J.J. Abrams, padre de Lost. En una ocasión, lei que, con la salida de Abrams de Lost en la cuarta temporada, la serie dio un giro mucho más místico. dejando casi completamente de lado la ciencia para centrarse en… bueno, en lo que vimos a partir de la quinta temporada. Puro misticismo. Visto lo visto con Fringe, me inclino a pensar que, efectivamente, Abrams aportaba el punto científico, y el tandem Lindelof-Cuse el apartado mitológico.

Como decía, Fringe ha dejado de lado tanto religión como esoterismos. Al menos hasta donde tengo visto yo, que es la segunda temporada, capítulo 18. Precisamente en este capítulo, observo la primera referencia directa a la religión, y me encanta como lo han resuelto. El capítulo es antiguo (ya van por el 3×07), pero por si acaso, aviso de spoilers

En un momento del capítulo, Walter, el guru científico de la serie, está conversando con otro científico. Le dice que tiene que tomar una decisión muy importante, pero que no se atreve. Decisión que proviene de haber llevado la ciencia hasta el extremo, y haberse metido en terrenos tradicionalmente limitados a las deidades. Interpreta que, por haber hecho eso, Dios le ha puesto una prueba, pero no es capaz de superarla. Que necesita una señal concreta, algo que le reafirme en la fe, algo que parezca imposible. Menciona qué es ese algo, pero no es más que una metáfora, carece de importancia más allá de su significado simbólico (pista: mirad el título del capítulo). Su interlocutor,  recordemos que también científico (Peter Weller, conocido por Robocop), le dice que la ciencia es su Dios. Que es todo lo que necesita, y que se olvide de señales místicas y deidades.

La trama del capítulo gira en torno a una persona, el científico que habla con Walter, capaz de viajar en el tiempo, por motivos que no vienen al caso. Tras esta conversación, viaja al pasado, no sin antes escribir una carta, dirigida a Walter. Entonces envía la carta, cumple el propósito de su viaje, y muere. Walter recibe esta carta, y saca del sobre el mismo objeto que había dicho que para él significaría una señal divina, que le ayudaría a tomar la dificil decisión que tiene pendiente. Por supuesto, Walter no puede recordar nada de la conversación porque sucede en el futuro. Para él, no ha tenido lugar, de manera que no tiene otra opción que interpretar lo sucedido como la señal divina que espera.

En realidad, opino que esos acontencimientos constituyen una excepcional reflexión filosófica sobre el origen de las religiones. No hay milagro, ni señal, ni nada místico. Pero Walter no lo sabe. No puede saberlo. Lo que hay detrás de lo que él cree un milagro, no es más que ciencia, pura y dura. Una señal enviada por el Jesucristo de la ciencia, que después muere (el porqué muere es exactamente lo mismo que se pudo ver en Butterfly effect, como curiosidad). En esa ignorancia de Walter está la metáfora de porqué hay gente que cree en dioses. No tienen la posibilidad de saber la verdad que hay detrás de lo que creen milagros. Ese es el mensaje en el que creía el personaje interpretado por Peter Weller, y que comparto plenamente: la religión es una venda sobre los ojos del conocimiento. Los únicos milagros que existen, son aquellos que alguien con más información que nosotros ha sido capaz de meter en un sobre, y lanzarlos por debajo de nuestra puerta. O la mera casualidad. Que no seamos capaces de encadenar los efectos con sus causas, no significa que no estén ahí, esperando a ser descubiertos (o no).

Tal vez en otras series hubieran optado por una resolución más sensiblera, introduciéndonos con calzador que ese pequeño empujoncito, esa ayuda en el último segundo que aparece de la nada, es donde está Dios. Fringe ha optado por un camino mucho más inteligente. Mi más sentido aplauso para los guionistas.

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