¿Cine o entretenimiento?

Aprovechando la iniciativa de la fiesta del cine, estoy viendo películas por 2€. Hoy ha tocado No habrá paz para los malvados, co-escrita y dirigida por Enrique Urbizu. Y cómo se nota la mano del señor Urbizu. Esta película comparte con La caja 507, también suya, algo que me parece que marca la diferencia entre el cine y el entretenimiento: el guión es absolutamente perfecto, y los personajes hablan por sus acciones.

Vale, la peli va de un policía outsider que se me involucrado en una trama de tráfico de drogas y terrorismo islamista. Es todo lo que hace falta saber. Ahora parémonos a pensar. ¿Qué sucedería si una cámara siguiera la investigación de un policia alcohólico, con pasado turbulento, solitario y que no duda en tirar de pistola cuando lo considera oportuno? La mayor parte del tiempo no pasaría nada, y cuando lo hiciera, no entenderíamos gran cosa. Ojo, que no estamos hablando de un reportaje periodístico al estilo REC, en el que los bomberos y la policía hablan a cámara y cuentan lo que está pasando. Nada que ver. Hablamos de puro voyeurismo. Seguir la vida de una persona sin que nadie nos explique nada. Asistiendo a lo que sucede y sacando nuestras propias conclusiones en función de los hechos que observamos.

Como digo, seguramente no entenderíamos la mayor parte de las cosas que vemos. La vida no tiene subtítulos, ni una voz en off nos explica lo que piensa la gente, porqué piensa así, o porqué se comporta de esa manera. Un caos, vamos. Pero ahora supongamos que cogemos ese trozo de la vida de esa persona, esa investigación, y recortamos partes. Nos quedamos con aproximadamente un par de horas, que resumen qué es lo que ha sucedido, y nos analizan a la persona que estamos viendo con precisión de cirujano. Pues eso es esta película. CINE en estado puro. Coger un trozo de piedra informe y con un cincel y mucha paciencia, convertirlo en el David de Miguel Ángel. Eso es lo que ha conseguido Urbizu, una vez más.

En la vida real, las personas no tienen siempre una frase ingeniosa con la que replicar cualquier argumento. No tienen una pose estudiada para cada situación. No tienen profundos monólogos en los que explican su visión de la vida y justifican su forma de ser. Forma de ser, por otro lado, que no puede reducirse a un puñado de estereotipos: el poli bueno, el poli malo, la chica de provincias que sueña con triunfar en la gran ciudad, el joven genio idealista que revoluciona la informática… Todo eso está en el subconsciente colectivo desde hace décadas. Las imágenes mentales que nos hacemos cuando pensamos en un determinado personaje están totalmente condicionadas por el cine, la televisión y la literatura. Por la ficción, en pocas palabras. Ficción que tiene un propósito muy loable: entretenernos.

Pero desde una pantalla de cine, además de intentar entretener al espectador, se pueden hacer muchas otras cosas. Una de las que más detesto es intentar imponer una determinada moralidad. Una visión parcial, totalmente subjetiva, sobre una serie de hechos. Por desgracia, en el cine español hay mucho de eso (le llaman cine social). Pero No habrá paz para los malvados consigue otra cosa: convertir la realidad en una historia, mostrársela al espectador de la manera más atractiva posible (pedazo de planos…) y dejarle que utilice el cerebro para procesar lo que está viendo. No consumir. Procesar. Eso, para mí, es cine. Poner en marcha tu cerebro a base de imágenes. Sin más. Dejar que las acciones que vemos cuenten la historia. O en otras palabras, que las acciones de los personajes nos hagan entender la historia, y no al contrario. El resultado de un guión excepcional.

Me permito citar a Doctor Diablo, de Las Horas Perdidas, y decir: gracias, señor Urbizu. Gracias por esta joya.

Bueno, resumiendo. Para quien le interese saber si debería ver la película o no, me permito dar unas líneas base:

Mañana cambio de tercio, e iré a ver una peli de entretenimiento puro: Colombiana. ¿Cine o entretenimiento? Los dos.
Actualización: Interesante conocer la visión de Urbizu sobre esta película, de boca de una guionista.

Crítica “Secuestrados”

Una familia de clase acomodada es retenida en su casa por una banda de secuestradores. Con esta sencilla línea hemos definido el argumento de la nueva apuesta fílmica del director español Miguel Ángel Vivas. Un director que debutó en el año 2002 con “Reflejos” y que no había vuelto a dirigir nada desde 2003, año en que escribió y dirigió el corto de terror zombie “I’ll see you in my dreams”.

Es una tendencia actual en ciertos géneros el dotar a la historia de un toque realista. Especialmente, en terror y thriller. Películas como “Rec”, “Cloverfield”, “Paranormal Activity” o “La cuarta fase” decidieron dar ese toque a través de un estilo visual muy cercano al vídeo doméstico, con planos muy rápidos, cámaras inquietas, falsas tomas falsas y una fingida naturalidad de los protagonistas. No son actores interpretando, son personas normales a las que les suceden hechos reales. Ese es el mensaje con el que se pretende involucrar al espectador en la película.

Miguel Ángel Vivas ha querido usar una técnica ligeramente distinta para lograr este mismo efecto: los planos secuencia. Toda la película consiste en 12 planos secuencias, de unos 7-8 minutos. Sin cortes, con sonido directo, sin trucos. Eso es lo que se nos quiere transmitir. Y el resultado es que el espectador resulta casi literalmente secuestrado por la historia durante una hora y media. Es absolutamente espectacular el trabajo tanto del director y guionista como de los pocos actores. Una de las obras más sorprendentes y arriesgadas del cine español reciente. Qué demonios, es rematadamente buena.

El primer acierto de la película es un excepcional guión. Muy, muy trabajado. Obra del propio Miguel Ángel Vivas y de Javier García, operador de cámara en numerosas series y cortometrajes que parece querer probar suerte con la escritura. Las decisiones de los personajes son lógicas. No sobra ni una sola coma. Se entiende perfectamente porqué pasa lo que pasa, y no hay ningún artificio de guión visible. Tampoco se pretende transmitir ningún mensaje. He oído ciertas críticas al supuesto racismo que destila la película, porque los asaltantes son de Europa del Este. Crítica absurda, en mi opinión. La película solo narra un hecho perfectamente plausible, sin juzgar en ningún momento a nadie. No pretende moralizar ni dar lecciones ni enseñarnos buenos y malos. Es una historia de un secuestro. Simple, sencilla, eficaz. Excepcionalmente bien escrita.

Otro gran acierto son los actores. La película se rodó en 12 días. Un día por plano. Planos llenos de acción, en su mayor parte. Perfectamente coreografiados, precisamente para dar la apariencia de lo contrario: algo que podría estar sucediendo en la realidad. Gritos, ataques, nervios, carreras… Tremendamente agotador. Y los actores cumplen con creces. Los veteranos Fernando Cayo y Ana Wagener están perfectos como el matrimonio que contempla aterrorizado como los asaltantes entran en su casa con gran violencia y les retienen, amenazándoles a ellos y a su hija adolescente. Papel éste interpretado por la joven Manuela Vellés. Posiblemente el papel más complicado, el que más emoción muestra. En cuanto a los asaltantes, aunque pasen gran parte del metraje con una máscara, son tan atemorizantes como se espera. Causan mucho más miedo con un simple pasamontañas que muchos monstruos de películas de terror.

Los aspectos técnicos son igualmente excepcionales. Y la violencia es muy cruda. En este aspecto, la película se aleja de otras obras cercanas argumentalmente, como son “Funny Games” o “Panic Room”, en las que la violencia se sugería más que mostrarse. A pesar de que en ningún momento la historia se recrea en el dolor o la tortura, es cierto que puede resultar muy impactante y desagradable. Precisamente por el halo de verosimilitud que tan bien ha sabido crear el director. Para mi gusto, un tremendo acierto. Para otros, quizá excesivamente violenta.

El último aspecto que considero destacable es el final de la película. No voy a dar ninguna pista. No quiero incurrir en el error de dar más información de la que les gustaría tener a los lectores. Solo quiero decir que es un final de esos que te dejan sin pestañear durante un buen rato después de que se encienden las luces de la sala.

En resumen, que si “Buried” me pareció una auténtica joya, este “Secuestrados” no tiene absolutamente nada que envidiarle a la genial virguería de Rodrigo Cortés. Lo único que lamento es la pésima distribución y escasa publicidad que está teniendo la película, siendo para mi gusto una de las mejores del año 2010. Reitero el aviso de que puede resultar excesivamente violenta para según qué personas. A pesar de ello, me quito el sombrero y lanzo al aire mi deseo de que el cine español siga generando peliculones como éste.

Crítica “Rise of the Planet of the Apes”

 San Francisco, en la actualidad. Will Rodman (James Franco) es un genetista que trabaja en un nuevo y revolucionario producto capaz de desarrollar la inteligencia de los chimpances hasta límites nunca vistos. Tras un accidente en el laboratorio, el proyecto es cancelado por considerarse demasiado peligroso. Pero Will descubre que su propio padre (John Litgow), que sufre de Alzheimer, mejora espectacularmente tras ser inoculado con el producto, y decide continuar la investigación por su cuenta y riesgo, ocultando en su casa a la joya de la corona: el chimpance César; su paciente cero.

 Personalmente, siempre me ha encantado la historia de “Planet of the Apes”. Tanto la original de 1968 como el remake de Tim Burton en 2001 (sí, lo confieso. Me gustó). Y considero que es una de esas películas a las que le encajaría una precuela como anillo al dedo. ¿Cómo llegaron los simios a desarrollar su inteligencia de esa manera?, ¿cómo se convirtieron en los dueños del planeta? Pues aquí se responden esas dos preguntas. De manera mucho más satisfactoria de lo que esperaba. Esta “Rise of the Planet of the Apes” es, en mi opinión, muy superior a la película de Tim Burton, el referente más cercano que tenemos. Y es un paso de gigante en lo que considero que será una categoría más de los premios Oscar en menos de 10 años: mejor interpretación de un personaje generado digitalmente.

 La respuesta a cómo desarrollaron los simios una inteligencia humana es sencillamente respondida en los 10 primeros minutos del metraje: a través de la ingeniería genética. Esa era una respuesta sencilla. Will Rodman dirige una investigación destinada a aumentar la inteligencia de estos animales. Y como siempre que en el cine se juega a ser Dios, las consecuencias son terribles y devastadoras. Algo que hace muchos años que se ha convertido en un cliché, pero que es efectivo. El público lo está esperando, más allá de sus creencias o convicciones. Si juegas a ser Dios, lo vas a pagar muy caro. La cosa se te va de las manos y tu creación va a crecer mucho más allá de lo imaginable, arrasando la civilización si es necesario.

 De todas formas, la motivación de los chimpances no es el control mundial. Simplemente, no quieren ser tratados como animales de circo. No quieren ser esclavos. No son lo suficientemente inteligentes (por ahora) como para doblegar a todo un planeta, pero sí lo son como para ser conscientes de su condición y querer escapar de ella. Ese es el verdadero motor de la película: un esclavo que lucha contra sus captores para dejar de serlo, y lidera una rebelión. Algo que el público norteamericano adora. Una historia típica que aquí está contada de una manera emocionante y equilibrada. Espectacular el crecimiento de César como lider rebelde, y coherente como evoluciona.

 En cuanto a la respuesta a la otra pregunta, de cómo llegaron los simios a ser los dueños del planeta, está resuelta en segundo plano. Se cuenta de manera paralela a la historia principal, y no lo desvelaré. Baste decir que se dan tres o cuatro pinceladas a lo largo del metraje, suficientes para entender lo que sucederá años después. Eso junto con el lógico odio que los chimpances desarrollan contra los humanos hace que el puzzle encaje de manera efectiva.

 Un hecho que me gustaría destacar es el espectacular trabajo de generación digital de personajes que se ha hecho en esta película. No hay animatrónicos, ni maquillaje. Todos los simios son 100% digitales. Andy Serkis, que se ha convertido en el rey de esta técnica de la captura de movimiento, es el pionero de algo que opino que cambiará la historia del cine en un futuro no muy lejano. Si el Gollum de “Lord of the Rings” ya era capaz de transmitir más emociones que muchos de los personajes, aquí César se convierte en dueño y señor absoluto de la historia. Son sus emociones las que causan todo lo que vemos. Y son las reacciones emocionales, tanto de César como de su creador, Will, que solo quiere curar a su padre, las que causan el levantamiento de una raza de animales que quieren dejar de serlo, y la casi extinción del género humano.

Resumiendo, una entretenidísima y divertida historia veraniega, que sorprende por su ritmo y excelencia técnica y que, para mí, supera las espectativas que tenía puestas en ella. Muy recomendable.

Mitos del cine español (I): La Guerra Civil

El sábado pasado tuve la suerte de acudir al preestreno de Blackthorn en los cines Princesa de Madrid (me tocó la entrada por Twitter). La película ha sido dirigida por Mateo Gil, conocido informalmente como “el guionista de Amenabar”. Los guiones de Tesis, Abre los Ojos, Mar Adentro y Ágora llevan su firma.

En cuanto al argumento, se trata de un western clásico. Si eres aficionado al género lo disfrutarás. Poco que envidiar a la reciente True Grit, de los Coen. Y ha contado con reparto internacional. Por la pantalla desfilan el español Eduardo Noriega, el norteramericano Sam Sephard y el danés Nikolaj Coster-Waldau, últimamente de moda por interpretar a Jaime Lannister en Game of Thrones, una de las series del año.

Después del visionado, los asistentes tuvimos una charla-coloquio con el propio Mateo Gil y una representante de AltaFilms, distribuidora de la película en España. En dicho coloquio salió a colación el tema del estado actual del cine español, y el debate se llevó de manera totalmente civilizada y respetuosa por todas las partes: creador, distribuidora y espectadores. Sin demagogias baratas sobre lo ladrones que somos los internautas ni críticas facilonas. Un punto en el que más o menos todos coincidimos fue que uno de los grandes enemigos del cine español es… el propio cine español. O más exactamente: la divergencia entre lo que es el cine español para sus creadores y lo que es para nosotros, los espectadores.

Tras el debate, me puse a reflexionar sobre el estado de nuestro cine, desde una perspectiva externa, por supuesto. Creo que la gente no va a ver cine español precisamente porque es cine español. Mi opinión personal es que el cine español sufre de muchos mitos y estereotipos sin una base real, que lo castigan injustamente. Pero también tiene muchos males bien reales (un sistema de financiación muy mejorable, la merecida mala fama de la SGAE, la inexistencia de un tejido industrial que sustente al sector…). Voy a ir repasando tanto los mitos como los hechos desde mi humilde opinión, aunque respaldada por datos verificables siempre que sea posible. Hoy, el famoso mito de la Guerra Civil.

La Guerra Civil.

Sin duda el mito número uno de nuestro cine. Solo se hacen películas relacionadas con la Guerra Civil española. Este primer mito es relativamente sencillo de desmontar. Si uno va al buscador de la base de datos de películas calificadas en la web del Ministerio de Cultura, puede hacer una búsqueda de todas las películas españolas estrenadas en salas en los últimos 10 años (estimemos 2000-2010). Después de filtrar los documentales, el resultado es que en esos 10 años se estrenaron 1253 películas españolas. ¿Cuántas fueron de la Guerra Civil? Realizar este filtro es algo más costoso. Podrían revisarse una a una las películas, pero sería una labor titánica. Para evitarla, podemos cotejar un par de fuentes:

  • La Universidad de Huelva. Tiene una página dedicada a la Guerra Civil española en el cine. En la página, podemos encontrar un listado con las películas estrenadas del año 2000 en adelante (cubre hasta 2010). Tras quitar los documentales y las películas extranjeras (sí, también se han hecho películas no españolas sobre la Guerra Civil), el resultado es que, en esos 10 años, se estrenaron 19 películas españolas cuyo trasfondo es la Guerra Civil. Esto es, un 1.52%
  • Entrevista a Antonio Salazar, cineasta español. Se menciona que “de las más de novecientas películas rodadas en España entre los años 2000 y 2010 solo el 1.6% aborda la Guerra Civil”

Lo primero que hay que resaltar es que estos datos no están totalmente cotejados. Eso sí, las herramientas para hacerlo están al alcance de cualquiera que tenga tiempo y ganas de ponerse.

Partiendo de esa base y asumiendo las fuentes aportadas como razonablemente cercanas a la realidad e independientes entre si, ambas arrojan resultados similares sobre el tema: el número de películas españolas sobre la Guerra Civil en los últimos 10 años no llega al 2% de las películas estrenadas. Si elegimos otro cine, como el norteamericano, ¿qué porcentaje de películas estrenadas en los últimos 10 años tienen como trasfondo la Guerra de Vietnam, o la Segunda Guerra Mundial? No he hecho el cálculo, pero me gustaría ver si el porcentaje es inferior al 2%.

En resumen, que el que diga que el cine español solo habla de la Guerra Civil, probablemente no ha visto mucho cine español.

En el próximo post, otro de los mitos estrella: las subvenciones.

Grasa de motor, lejía y vinagre

¿Os imagináis que me hago un corte pelando una naranja y decido echarme en la herida grasa de motor, lejía y vinagre a partes iguales? Mi corte se transformaría en cuestión de segundos en quemadura química o algo peor. Una salvajada.

Esta misma idea estoy seguro de que ha pasado por la cabeza de alguno. No puedo pedirle a la gente que intente curar sus heridas con una combinación tan bizarra, porque las empeoraría. Pero tal vez si puedo pedir que las intente curar con algo a priori totalmente inocuo, y esperar que suceda una de estas dos cosas:

  • Que funcione y cure la herida
  • Que no haga nada

Es sencillo. Hemos eliminado la tercera posibilidad, que es la más peligrosa: que la herida empeore. Y la hemos eliminado por el sencillo mecanismo de no utilizar productos evidentemente peligrosos. Nos quedan otras dos opciones, a todas luces mejores que ella.

La primera opción no debería resultar nueva para nadie. Lleva siglos pasando. Lo que otrora era un producto que por alguna razón desconocida, curaba, a la luz del conocimiento científico se convierte en la solución obvia. La magia de la química explica porqué ese producto actúa curando esa dolencia. La Humanidad, gracias a esto, ha avanzado un pasito. Y los países que tienen la suerte de poder beneficiarse de esta novedad, suben su esperanza de vida.

La segunda opción, en una sociedad educada y coherente, simplemente se descartaría por inutil. En una sociedad excesivamente influida por el pensamiento mágico, se convierte en un arma tan peligrosa o más que nuestra olvidada tercera opción.

La sociedad educada y coherente lo llamaría placebo. Incluso puede que no resultara del todo inútil. En determinadas personas, serviría para afrontar con más ánimo su curación. Un experimento muy interesante. Para que funcione del todo, se le debe comunicar al paciente, una vez curado, que el producto era totalmente inocuo. Eso le demuestra lo maravillosa que puede ser la mente humana cuando afronta las situaciones con ánimo y optimismo, multiplicando sus fuerzas. El paciente aprende. Mejora su conocimiento.

En cambio, una sociedad como la nuestra, tan influida por la ignorancia y la estulticia de lo sobrenatural y lo mágico, no lo llama placebo. Utiliza otro nombre: homeopatía. El sencillo mecanismo de administrar al paciente un producto inocuo y aprovecharse de su credulidad para sacar beneficio ha dado resultado. En el peor de los casos, no va a notar absolutamente nada. En el mejor, puede llegar a curar su dolencia. ¿Cuál es la explicación a esta mejoría?

  • La pura y simple casualidad, o…
  • … que el infinito número de variables que intervienen lo haga parecer casualidad.

¿Que el paciente ha mejorado después de tomar agua con una milmillonésima parte de un principio activo? Pues sí. Igual que hubiera mejorado rascándose la barriga. Simplemente, su organismo tiene suficientes defensas para derrotar el problema. Punto.

O tal vez no. Tal vez un conjunto imprevisible de factores ambientales, anímicos, alimenticios, climáticos… hacen mejorar la salud del paciente. ¿Por qué a unos nos sienta mejor el aire de la montaña y a otros el de la playa?, ¿por qué el Ibuprofeno a ti no te hace nada y a mí me calma el dolor en segundos?, ¿por qué fulanito en cuanto le duele el pie se queda en casa tumbado y menganito necesita 10 veces más dolor para empezar a notarlo? Factores. Muchísimos. Casi infinitos. Seguramente, cosas como la computación cuántica permitan al ser humano manejar situaciones con un número prácticamente infinito de factores, y encontremos respuestas que hoy son misterios. Hace 2000 años el clima lo predecían los chamanes viendo las tripas de algún animal muerto. Hoy modelos matemáticos complejísimos son capaces de estimar con un grado de precisión aceptable si la semana que viene lloverá o no.

¿Cómo será dentro de 1000 años? ¿Habremos descubierto como se cura un resfriado, o nos arriesgaremos a curar nuestras heridas con grasa de motor, lejía y vinagre?

Cuestión de alcance

Cada vez que se manda un enlace como éste a una red social y la gente lo comenta, sucede lo mismo. Alguien destaca el hecho de que el cambio es algo muy complicado, y que una cosa es plantearlo en negro sobre blanco y otra muy diferente llevarlo a cabo. Una afirmación que, opino, está cargada de razón. Sea cuál sea la dirección del cambio.

Para mí, no obstante, en casos como éste se trata únicamente una cuestión de alcance. El error creo que está en pensar que nosotros vamos a ver algún cambio. Que mañana las cosas van a ser diferentes a como son ahora. En artículos como ese no pienso que se esté hablando de que cambiemos radicalmente la sociedad en un día. Que la siguiente legislatura en el gobierno de un país sea totalmente diferente de la anterior. Que todo lo que iba mal pase a estar bien. Que la sociedad pase de la apatía a tomas las riendas de todo de un día para otro. Eso es imposible. Y absurdo. Los cambios profundos requieren raíces profundas. Cambiar la opinión y actitud de toda una sociedad de un día para otro no solo no es profundo, sino que es peligroso, irresponsable y suele llevar a situaciones peores que las de partida.

De lo que yo creo que se trata cuando se intenta movilizar a la sociedad, tal vez tomando el ejemplo de otros países, es de evitar que nuestros hijos se conviertan en esclavos. Y también nuestros nietos. En comparación con otras sociedades, estamos en una posición privilegiada. A pesar de una situación económica desfavorable y que posiblemente vaya a peor, aun tenemos la posibilidad de cambiar las cosas votando en unas elecciones, consumiendo de manera responsable, tomando iniciativas en favor del medio ambiente… Es decir, realizando actos pequeños que pueden convertirse en grandes cambios en el futuro. Aun podemos. Otros con menos suerte se han visto obligados a pegar fuego a coches y salir a la calle a matarse unos a otros, o evitar que les maten, para salir de una situación insostenible.

Ese es el cambio que se nos está pidiendo. Un cambio que para nosotros tiene un coste irrisorio, y una recompensa directa seguramente mínima. Pero que para nuestros hijos y nietos puede significar la diferencia entre vivir siendo esclavos o vivir mejor que sus padres y abuelos. El refranero español, que es muy sabio, tiene una expresión para esto: “predicar con el ejemplo”.

También hay un anuncio de hace algunos años, sencillamente maravilloso,  y que refleja perfectamente esto mismo que quiero decir:

¿Qué tipo de vida queremos para nuestros hijos?, ¿y qué esperamos que aprendan de nosotros?

Torrente IV, ¿el ejemplo a seguir?

Este fin de semana se estrenó Torrente IV: Lethal Crisis. Como era de esperar, reventó la taquilla, convirtiéndose en el mejor estreno español de la Historia. Ha recaudado más de 8 millones de euros en 3 días, llegando prácticamente a compensar en un único fin de semana los 10 millones que costó.

Tras ver la película, me gustaría compartir unas reflexiones que a muchos les parecerán obviedades

¿Es Torrente IV una buena película, desde el punto de vista del valor cinematográfico o artístico?

En absoluto. Es una colección de chistes a cuál más zafio y grosero, adornada por el mayor número de cameos amiguetiles que pueden meterse en 90 minutos. La repugnancia sublimada.

¿Me gustó?

Sí. Sabía perfectamente lo que iba a ver. Igual que me gustan las hamburguesas del McDonalds. Sería hipócrita si dijera que no me reí con las guarradas de Segura. A pesar de que el guión fuera una mera anécdota, contiene momentos de humor grueso realmente conseguidos. Eso sí, te tiene que gustar el humor grueso.

¿Era necesario rodar esta película?

Sí. Es una película rodada sin subvención alguna (dato por confirmar, pero no había ningún logo del Ministerio de Cultura ni de ninguna Comunidad Autónoma). Ha arrastrado masas de gente al cine, a pagar 10 euros por las famosas 3D. Es claramente una película destinada a hacer industria. Ante esa postura, hay dos opiniones contrapuestas.

¿Crees que el cine español debería parecerse lo más posible a una industria? Si es así, este es el ejemplo perfecto de como se tiene que hacer una película para llegar a ese punto.

¿Crees que el cine español no debería industrializarse y tendría que enfocarse en ser un vehículo de expresión artística y difusión de la cultura hispana? Pues esta no es tu película. Tampoco ha recibido subvención (otra vez, dato por confirmar), con lo cual queda fuera de esa esfera. Lo mejor que puedes hacer es ignorarla.

Personalmente, opino que deberíamos acercarnos a un modelo híbrido: me parece buena idea que el gobierno de un país proteja y difunda su cinematografía, igual que otras expresiones artísticas, como la danza, el teatro o la pintura. Pero la protección y difusión deberían ir destinadas a aquellos con menos recursos. Santiago Segura ya no lo necesita. Tampoco Alex de la Iglesia. Ni Almodovar. Ni Amenabar. Todos ellos cineastas reconocidos dentro y fuera de nuestras fronteras (algunos más reconocidos fuera que dentro, curiosamente).

Por otro lado, creo que España carece de tejido industrial cinematográfico. Tenemos 4 directores capaces de hacer cine comercial. Aislados. Una industria no puede apoyarse en estas 4 islas. Si algo positivo creo que tiene la industria cinematográfica norteamericana, por poner la referencia más clara, es la retroalimentación. Que los grandes estudios financien las películas de Michael Bay y Jerry Bruckheimer les permite sacar al mercado Obras Maestras como Little Miss Sunshine o Usual Suspects. Pequeñas joyas rodadas con poco dinero y mucho talento. Variedad y diversificación. Algo que nos falta a nosotros, como industria.

¿Cuál es el mayor mérito que le atribuyo a la película?

Ninguno. Si acaso, unirse a la moda de las 3D en el momento adecuado. El mérito es de su creador, Santiago Segura. Lo que hace puede gustar más o menos (a mí desde Muertos de Risa no me emociona especialmente con nada), pero ha sabido hacer de su afición su modo de vida, y disfrutar haciendo cine a la vez que arrastra masas a las salas.

Si hay una palabra que puede definirle es oportunismo (no hay más que ver el título de esta película). Este señor parte de que el cine se hace para que se vea. Una postura con la que se puede estar o no de acuerdo, pero que es la base si se quiere construir una industria y vivir de ella. Sabe darle a la gente lo que pide, estar al tanto de la realidad y utilizarla para crear sus obras (no hay más que ver los cameos de sus películas, con los famosetes de moda). Hasta el momento, que se sepa, no ha engañado ni manipulado a nadie para darle al público lo que solicita. Se limita a hacer cine. Bueno o malo. Pero cine que arrasa.

Mi reflexión final es que, independientemente de que nos guste o no, para ver más excelentes películas como Ispansi o Pa negre vamos a tener que hacer más Torrente, Mentiras y gordas y 3 metros sobre el cielo. Películas que generen más dinero del que cuestan, así de sencillo. Mientras los artistas no sean autosuficientes, hará falta construir un tejido industrial que los sustente.

Es posible que en un futuro no demasiado cercano, la utopía de la autosuficiencia llegue a concretarse, gracias a la tecnología. Cada vez es más sencillo hacer y distribuir tu obra a millones de personas con un solo clic. Pero algo que me dice que gente como Santiago Segura o Alex de la Iglesia también sabrán subirse a ese tren. Que cada uno decida si quiere acompañarles o no.