Cuestión de alcance

Cada vez que se manda un enlace como éste a una red social y la gente lo comenta, sucede lo mismo. Alguien destaca el hecho de que el cambio es algo muy complicado, y que una cosa es plantearlo en negro sobre blanco y otra muy diferente llevarlo a cabo. Una afirmación que, opino, está cargada de razón. Sea cuál sea la dirección del cambio.

Para mí, no obstante, en casos como éste se trata únicamente una cuestión de alcance. El error creo que está en pensar que nosotros vamos a ver algún cambio. Que mañana las cosas van a ser diferentes a como son ahora. En artículos como ese no pienso que se esté hablando de que cambiemos radicalmente la sociedad en un día. Que la siguiente legislatura en el gobierno de un país sea totalmente diferente de la anterior. Que todo lo que iba mal pase a estar bien. Que la sociedad pase de la apatía a tomas las riendas de todo de un día para otro. Eso es imposible. Y absurdo. Los cambios profundos requieren raíces profundas. Cambiar la opinión y actitud de toda una sociedad de un día para otro no solo no es profundo, sino que es peligroso, irresponsable y suele llevar a situaciones peores que las de partida.

De lo que yo creo que se trata cuando se intenta movilizar a la sociedad, tal vez tomando el ejemplo de otros países, es de evitar que nuestros hijos se conviertan en esclavos. Y también nuestros nietos. En comparación con otras sociedades, estamos en una posición privilegiada. A pesar de una situación económica desfavorable y que posiblemente vaya a peor, aun tenemos la posibilidad de cambiar las cosas votando en unas elecciones, consumiendo de manera responsable, tomando iniciativas en favor del medio ambiente… Es decir, realizando actos pequeños que pueden convertirse en grandes cambios en el futuro. Aun podemos. Otros con menos suerte se han visto obligados a pegar fuego a coches y salir a la calle a matarse unos a otros, o evitar que les maten, para salir de una situación insostenible.

Ese es el cambio que se nos está pidiendo. Un cambio que para nosotros tiene un coste irrisorio, y una recompensa directa seguramente mínima. Pero que para nuestros hijos y nietos puede significar la diferencia entre vivir siendo esclavos o vivir mejor que sus padres y abuelos. El refranero español, que es muy sabio, tiene una expresión para esto: “predicar con el ejemplo”.

También hay un anuncio de hace algunos años, sencillamente maravilloso,  y que refleja perfectamente esto mismo que quiero decir:

¿Qué tipo de vida queremos para nuestros hijos?, ¿y qué esperamos que aprendan de nosotros?

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