How I met your new cliches

Estoy viendo una serie de la que la mayoría de gente que conozco habla maravillas: How I met your mother. De momento, solo he visto la primera temporada, así que mi opinión sobre ella puede variar sustancialmente, dado que ya llevan 6. Lo primero que he de decir, por tanto, es que no tendré ningún problema en rectificar mi opinión si es necesario, cuando vea el resto. Rectificar, normalmente, significa haber aprendido algo, y esa es una sensación que me encanta.

Pero por ahora, viendo How I met your mother he recordado porqué nunca me gustó Friends.

Sí, ya lo he dicho. Nunca me gustó Friends. Nunca me enganchó. En la época en la que lo ponían, no lo terminaba de entender, pero creo que ahora sí.

En primer lugar, no me veo reflejado en el público objetivo al que va dirigida la serie: jóvenes en sus veintimuchos o treintaypocos, con nivel educativo medio/alto y, a poder ser, norteamericanos. Bien, estoy en los 30, y fui a la Universidad (eso no hace que mi nivel educativo sea ni siquiera medio, desde mi perspectiva, pero bueno). A excepción de que no soy norteamericano, podría sentir cierta empatía con los personajes. Pero no la siento.

En segundo lugar, me revientan mucho las series con vocación adoctrinante, y para mi gusto, How I met your mother la tiene. El mensaje que deja es bastante clarito. El mensaje que más vende, por otro lado. Se trata únicamente de criterios económicos, nada más.

La serie supone una actualización de los tics generacionales de la gente de esta edad. Una adaptación a la actualidad del esquema “conflictos hombre/mujer” más clásico. Que ahora sea ella la que huye del compromiso y él quien busque casarse y formar una familia no cambia nada. Es el mismo perro con distinto collar.

El protagonista e hilo conductor de la serie, Ted, es un joven que busca a toda costa enamorarse. Conocer a la madre de sus hijos. Que Marshall y Lily, sus mejores amigos, se hayan comprometido es el catalizador de su repentino empeño romántico. Se enamora a primera vista de Robin, una guapa reportera de un canal de noticias local. Pero Robin parece no tener los mismos planes que Ted. Y con esto, empieza el piloto de la serie. Aunque la narración es en pasado. Realmente, Ted les está contando a sus hijos, 25 años después, cómo conoció a su madre. ¿Será Robin, será otra mujer?

Hasta ahí la sinopsis. Luego, asistiremos capítulo a capítulo a todos los intentos de Ted por encontrar a la mujer perfecta. Son capítulos tremendamente sencillos de ver, cortos y dinámicos. Como sucede con todas las sitcom norteamericanas, duran 21 minutos, y constan con un par de tramas paralelas, además de una trama horizontal, o de continuidad, que sirve de pegamento para toda la serie. Los diálogos son ingeniosos, y el ratio de chistes bastante acertado, en mi opinión. Ni muy escasos ni muy repetitivos. Si te gusta escribir, como es mi caso, creo que se puede aprender bastante sobre como escribir gags que funcionen y personajes míticos (Barney Stinson, por ejemplo).

A pesar de eso, ya digo que mi problema con la serie es la moralina, como me pasaba con Friends. Moralina adaptada a nuestra generación, pero moralina. Nadie se va a extrañar, a estas alturas, de que nos presenten mujeres sexualmente activas e independientes u hombres que solo están interesados en el físico femenino y no reprensentan papeles negativos, como Barney. Ni de que sea la mujer la que no quiere compromiso y el hombre el que quiere casarse. Estamos en el siglo XXI. Los viejos tópicos son eso, viejos. Necesitamos otros nuevos para esta generación. Invirtamos los papeles, coloquemos a los protagonistas en fiestas locas, que se emborrachen, que hagan lo que quieran. Es lo que hacen los jóvenes de esa edad, ¿cierto? Es lo que quieren ver.

Todo eso es verdad, pero no deja de ser cambiar la decoración de la casa. Sigue siendo la misma casa rancia y vieja de siempre. Lo que se nos transmite es: la finalidad de cualquier persona es casarse y tener hijos. El que no piensa de esa manera, lo hace porque no ha encontrado su media naranja. Cuando uno madura y se hace una persona de provecho, se casa y tiene hijos. Solo entonces su vida se completa. Hasta entonces, eres una persona imperfecta. Eso es lo que te motiva a la promiscuidad, encontrar a la “persona perfecta”. En ningún momento puede ser una decisión consciente. Es solo un parche, hasta que sientes la cabeza.

En contraste, hace unos días vi un capítulo de Aída, en el que el fantasma de las navidades pasadas (Ramón García, con su capa y todo) visitaba a Mauricio, para llevarle al pasado y al futuro, y así hacerle reflexionar sobre su actitud miserable. ¿Qué sucedía al final? Que Mauricio no reflexionaba un carajo, y seguía siendo el mismo. Como es lógico.

También estoy viendo Mad Men (auténtico caviar). En esta serie, el personaje principal tiene varias amantes, todos fuman como carreteros y las mujeres son meros objetos sexuales cuyo habitat principal es la cocina.

Estos dos últimos ejemplos, a pesar de las enormes diferencias entre las series, coinciden en algo: no moralizan, no dan lecciones de nada. Los personajes pueden ser miserables, racistas, sexistas, ladrones… igual que en la vida real, y que el contexto en el que se plantea la serie en cuestión. Mad Men, por ejemplo, se ambienta en la norteamérica de los 60, con su tabaco como símbolo de glamour, su segregación racial y su sexismo. Aida se ambienta en un barrio de clase media/baja, con sus yonkis y sus chonis. Esa es la vida real, y de ella se pueden sacar sus situaciones dramáticas, o cómicas, sin necesidad de tratar de orientar al espectador en ninguna dirección, ni venderle ningún modelo de conducta como válido.

Y cuando digo ninguno, me refiero a ninguno. Tampoco me gustó, por ejemplo, Historias del Kronen, que vende el modelo opuesto al comentado. No me ocurre lo mismo con Fringe, que me encanta. A pesar de que en algunos capítulos se deja entrever cierta ideología (ver post anterior), pero se hace como parte del sistema de valores de un determinado personaje, y no como motor de la serie.

Todo esto, insisto, es nada más que mi opinión, que puede variar a medida que vaya viendo la serie o, ¿por qué no?, a medida que vaya viviendo. Lo único que permanece siempre constante es el cambio. Y yo, como cualquier otro, puedo cambiar. Por ahora, me sigue sin gustar How I met your mother, igual que no me gusta Friends.

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  1. 31/01/11

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